Durante la última década, el país ha dependido en gran parte del gas producido en campos como Chuchupa y Ballena, pero la disminución en su producción ha encendido las alarmas. Ecopetrol busca responder a esa amenaza con una infraestructura moderna que le permita importar gas natural licuado (GNL) desde mercados internacionales y convertirlo en gas utilizable para hogares e industrias.
El plan contempla instalar una unidad flotante de almacenamiento y regasificación (FSRU) frente a la costa del Caribe colombiano. Desde allí, el gas sería inyectado en la red nacional a través de un gasoducto adaptado que antes transportaba crudo. Según los plazos oficiales, las ofertas se recibirán a partir del 14 de octubre, y la compañía espera adjudicar el contrato antes de que termine 2025, con la operación arrancando en el primer trimestre de 2027.
Hasta el momento, unas veinte empresas han mostrado interés en participar del proceso, lo que refleja la relevancia estratégica del proyecto en el contexto energético regional. Si alcanza la capacidad máxima proyectada, la planta podría importar hasta 400 millones de pies cúbicos de gas diarios hacia 2030, una cifra que aliviaría de manera notable la creciente presión sobre el sistema de abastecimiento.
Sin embargo, el desafío no es menor. Ecopetrol deberá sortear una serie de obstáculos técnicos, ambientales y regulatorios antes de ver la planta en marcha. La adaptación de infraestructura existente, la obtención de permisos ambientales y la volatilidad del mercado global del gas podrían retrasar los plazos o encarecer la inversión. A ello se suma la necesidad de garantizar que el proceso sea completamente transparente, tras críticas recientes sobre la opacidad en algunos contratos previos del sector.
Mientras tanto, la compañía también avanza en la costa del Pacífico con otro proyecto de regasificación, que busca diversificar las rutas de entrada del gas y reducir la dependencia de un solo punto logístico. Si ambas iniciativas se concretan, Colombia podría blindar su seguridad energética durante la próxima década, disminuyendo su vulnerabilidad ante la volatilidad internacional.
El proyecto de Coveñas representa, en definitiva, una apuesta de alto impacto para el futuro energético del país. Si logra cumplir los plazos previstos, Ecopetrol no solo reforzará su papel como actor clave en la transición energética, sino que también abrirá nuevas oportunidades para inversores y operadores del mercado del gas natural.

